Acerca de

KIN KRIBLE, música freskita, nace en Granada (España) a mediados de la década de los 80, del siglo pasado, cuando personas dedicadas a la música y la poesía coinciden en un proyecto común.

En 1991 ve la luz nuestro primer volumen, “PLAZA NUEVA”: diez canciones propias con una fuerte influencia latina aunque sin excluir algún otro palo musical. Siguieron tres c.d.s de sonido netamente latino: “VENGO SOÑANDO”, “TÚ NO ESTÁS LOCA” y “TENGO QUE ATRACAR UN BANCO”, en una línea que nace de nuestra fascinación por la salsa -esa música que surge del encontronazo del idioma castellano con ritmos africanos- y que funde textos en español, ritmos caribeños y nuestras canciones, encontrando un sonido, una forma de decir propia, tanto en lo que se refiere a los textos elegidos como a nuestra interpretación de la música latina. Queremos fundir en un abrazo ritmos cubanos y textos de nuestros poetas: ¡Que Cuba y España canten nuestro estribillo!

En cuanto a los textos, elegimos los de grandes poetas -más, menos o nada conocidos- y también los que proceden de manifestaciones populares como chascarrillos o chirigotas. Otra vía, igualmente apasionante, nos lleva a musicar textos que inicialmente estaban en prosa: tal es el caso de El Móvil o El Confesionario temas construidos sobre sendos textos de Juan J. Millás. Éste último y Guillermo Fernández Rojano firman, asimismo, textos en prosa que forman parte de Viaje al centro. Y una más: versionar canciones, caso de Palabras para Julia (J.A. Goytisolo/Paco Ibáñez), La vaca lechera (J. Morcillo/F, García), Con cuatro tragos (E. Rios/L. Rios) o Me gusta todo de ti (Joan M. Serrat) en versiones con un sesgo propio, burlón y comprometido con la época que vivimos.

KIN KRIBLE es un espacio para la expresión de los músicos de la banda por lo que en nuestros discos aparecen títulos en los que figuran como compositores y/o cantantes casi todos los músicos del grupo.

Nuestra propuesta es cultural y lúdica: KIN KRIBLE es una fiesta. No nos gusta hablar del amor empalagando, sino con un sesgo irónico o, incluso, gamberrillo, nos gusta provocar sin dejar de respetar, somos críticos -en lo vital y lo social- y sobre todo nos tomamos muy, pero que muy en serio el humor. No nos interesa el arte que incita a la autocomplacencia sino el que mueve los cimientos de quien lo percibe y le hace ver que vivimos en un mundo manifiestamente mejorable (J.A. Bardem dixit).

La palabra, el sonido, el ritmo: KIN KRIBLE. Una visión apasionada, bienhumorada y crítica de lo que pasa.

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